Lugares cuya memoria suscita la imaginación de recuerdos, qué habrá pasado allí, quien habrá transitado esas arquitecturas y cómo pasaron al olvido, son cuestiones inevitables mientras uno les devuelve una utilidad que hace mucho tiempo que dejaron de necesitar.

La visión espontánea de algún detalle durante un paseo depende de nuestra capacidad de observación, de cuan entrenado estén el ojo y la mente para atender a todo lo que tiene que ofrecer lo que se haya a la vista. Observando el mundo con curiosidad enriquece la capacidad de descubrir.

Desgranar la realidad en fragmentos, en fotogramas superpuestos y tangibles del paso de un vehículo, el tránsito de la gente, la ondulación de los lugares, en mitad de la quietud del momento detenido, donde lo único que se mueve lo hace por salirse de la concepción común de lo estático.